El Cielo
En el interior del Parque Nacional hay numerosas zonas alejadas de la “luminosidad” de las ciudades de Tenerife, lo que permite disfrutar de espectaculares noches estrelladas profundamente oscuras, acrecentadas por la excepcional calidad del cielo que ha propiciado que en las cumbres de Tenerife y La Palma se hayan instalado importantes observatorios astronómicos.
La calidad astronómica está determinada, además de por la reducida polución luminosa de las poblaciones (ley canaria del cielo), por la transparencia atmosférica, y por el número de horas de observación útiles al año, lo que depende de la climatología y de las características geográficas. Canarias está suficientemente lejos de las tormentas tropicales, pero relativamente cerca del Ecuador para permitir la observación de todo el Hemisferio Norte Celeste y gran parte del Hemisferio Sur.
Los observatorios, y gran parte del Parque Nacional del Teide, se encuentran por encima de los 2.000 m de altitud, por encima de la inversión térmica de los vientos alisios. Esto garantiza que las observaciones no se vean obstaculizadas por el "mar de nubes". Sobre este “mar” existe una atmósfera limpia, sin turbulencias, estabilizada por su circulación en el océano. Además, este efecto, impide el paso de la polución atmosférica y de partículas a las capas superiores al “mar de nubes”.